La violencia volvió a golpear el corazón de Canindeyú. Lo que quedó tras el ataque al Puesto Policial de la colonia Naranjito no son solo vehículos calcinados y una sede reducida a cenizas. Lo más doloroso son las vidas apagadas de servidores públicos que cumplían con su deber y familias que hoy lloran una pérdida irreparable.

De acuerdo con datos oficiales brindados por el Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI), el atentado dejó tres fallecidos: dos efectivos policiales y un funcionario de la dependencia, además de un herido. Las autoridades informaron que un grupo de entre 20 y 30 hombres armados irrumpió en el lugar, abrió fuego contra el personal de guardia y posteriormente incendió el puesto policial y varios vehículos. La investigación continúa para esclarecer los hechos.

Las imágenes son estremecedoras, pero más impactante aún es la realidad que reflejan. Detrás de cada uniforme había un padre, un hijo, un hermano, un amigo. Detrás de cada familia enlutada queda un vacío imposible de llenar.

Este nuevo episodio debe llevarnos a una profunda reflexión. Cuando la violencia se instala, toda la sociedad pierde. No se trata únicamente de cifras ni de estructuras destruidas, sino de vidas humanas y del derecho de la población a vivir en paz y con seguridad.

Canindeyú está de luto. Que este dolor no se convierta en una noticia más, sino en un llamado urgente a fortalecer la seguridad, la justicia y el compromiso de todos para que tragedias como esta no vuelvan a repetirse.

Por: Pablo García Herrera - Portal Yby Pytâ